HABLAR MAL DE LOS DEMÁS


San Felipe Neri nuestro patrón, el llamado Santo de la Alegría también es famoso por ser un gran confesor, pues trataba a sus penitentes de una manera muy particular. Este es el caso de una mujer chismosa que se acercó a él para confesarse y la extraña penitencia que él le impuso. A una mujer que se confesaba frecuentemente de hablar mal de los demás, san Felipe Neri le preguntó: ¿Te sucede con frecuencia hablar mal del prójimo? Muy a menudo, Padre -responde la penitente. Hija, creo que no te das cuenta de lo que haces. Es necesario que hagas penitencia. He aquí lo que harás: mata una gallina y tráemela enseguida, desplumándola por el camino desde tu casa hasta aquí. La mujer obedeció, y se presentó al santo con la gallina desplumada. Ahora le dijo Felipe, regresa por el mismo camino que viniste y recoge una a una las plumas de la gallina… ¡Pero eso es imposible! lloró la señora, ¡esas plumas por el viento deben de estar ahora por toda la ciudad!.. También yo lo sé concluyó el santo, pero he querido hacerte comprender que si no puedes recoger las plumas de una gallina, desparramadas por el viento, tampoco puedes recoger todas las calumnias levantadas y dichas de mucha gente, y más aún en perjuicio de tu prójimo.

 

Nada bueno puede salir de la crítica destructiva, ya que ésta pone de manifiesto una murmuración, calumnia o un juicio. ¿Por qué critican las personas? Estas lo hacen, por envidia, celos, orgullo, susceptibilidad herida, agresividad. La crítica brota de un corazón amargado, duro arruinado por los fracasos y el negativismo. Una persona que ha caído en la manía de cuestionarlo todo, de creerse siempre superior a los demás, está incapacitada para poder descubrir todos los valores positivos de los otros. A la larga, todos huirán del calumniador, criticón, murmurador, pues nadie tiene las espaldas seguras con él. Hasta los mismos amigos se pueden convertir en víctimas inocentes.


Por eso San Felipe Neri nos invita a: Ser bondadoso para con los demás es una señal cierta de que Dios anda de por medio. Es imposible condenar al otro viviendo en la presencia de Dios y que el como Padre de todos, nos disculpa siempre, y ve toda la bondad que hay en nuestro corazón humano y con su sola presencia ayuda, estimula y desarrolla nuestra capacidad de amar siempre.